Monday, August 25, 2008

Fin de semana en España
Suena curioso, pero como ahora estoy viviendo de manera temporal en Alemania, tengo la oportunidad de pasar fines de semana en España. Esto suena completamente irreal sabiendo que soy mexicano, pero con las distancias tan cortas en Europa y los bajos precios de las aerolíneas, esto es muy posible.
Sábado de tapas, cañas y tintos de verano por Madrid, cena en una terraza de la Plaza de Santa Ana con Maxi, Pepe y sus respectivas (nuevamente prometieron que vendrían).
Domingo a Zaragoza para visitar la Expo Mundial. Íbamos con muy bajas expectativas debido a los comentarios escuchados, pero en realidad no estuvo tan mal. Lo único malo, como en todo magno evento, las colas interminables para muchos pabellones. El que más me gustó fue Japón y Polonia.

Saturday, August 16, 2008

Yo no quiero vivir aquí

Después de seis semanas en Alemania, aún me cuesta trabajo definir si me gustaría o no me gustaría vivir aquí. La respuesta automática es un NO rotundo, porque esto puede llegar a ser incluso peor que Estados Unidos en cuando al nivel de individualismo que practican. Heidelberg es una ciudad ideal: gente joven, gente vieja, buenos transportes, tamaño ideal, naturaleza, río, playa (y aún mejor porque no es de arena, sino de pasto), restaurantes, bares, etc., pero si hay algo que es común a las ciudades alemanas, incluyendo a ésta, es el silencio que reina en sus calles. ¿Qué pasa con los alemanes? ¿Es que no tienen nada que decirse los unos a los otros? ¿Qué más da hacer un poco de ruido? Me parece muy bien el respeto por los demás, pero creo que aquí se pasan.

Ayer mismo comprobé que Alemania no es el único país que vive en silencio. Por la mañana, nos montamos en el Mini Cooper y nos fuimos a Luxemburgo, que queda a escasas dos horas y media de Heidelberg. Luxemburgo es el auténtico primer mundo. Ese que siempre nos imaginamos desde pequeños, donde la seguridad se siente, donde la gente es educada (aunque descubrimos que también es muy desconfiada) pero no por ello amable, es un sitio caro (aunque la gasolina es más barata), pijo y además turístico. Su "pero": el silencio de sus calles. Y por supuesto no me refiero a las calles turísticas, porque en ellas encontramos un poco de todo, sino a las calles donde viven los luxemburgueses. Calles amplias, limpias, con casas grandes e impecables, pero más quietas que un libro en un estante. Yo no quiero vivir aquí.

Pero entonces, ¿dónde quiero vivir?